Llegada a Harbin
Harbin es muy distinta a Beijing: es una ciudad con un tránsito caótico, están construyendo el sistema de subtes, asi que hay decenas de calles cortadas y todos los días tiran abajo edificaciones y construyen nuevas a un ritmo asombroso, es increíble ver a los obreros trabajando un sábado a las 3 o 4 de la mañana. Pudimos ir al centro en colectivo un par de veces, es pintoresco, con una influencia rusa muy marcada, sobre todo en la arquitectura y las comidas.

La vida en la Universidad
La Universidad está buena, las habitaciones cómodas y las instalaciones están cuidadas. Las clases empezaron hace 1 mes más o menos, son totalmente en chino (sólo las profesaras más jóvenes saben hablar inglés), así es que me cuesta mucho comunicarme; tengo unos compañeros coreanos que, con muy buena onda, me van traduciendo.
Al principio me costó pero de a poco nos vamos adaptando; hicimos un buen grupo con el otro argentino, tres españoles, un noruego, un inglés, una estudiante polaca, una húngara, una belga, más una bielorusa, otra de Ucrania y siempre se acopla algún otro; hay gente de todo el mundo, sobre todo rusos y coreanos.

Junto con el otro argentino y un profesor cubano que enseña español en la Universidad, somos los unicos tres latinoamericanos, entre 30 mil estudiantes, contando chinos y extranjeros; los chinos se nos acercan mucho, son muy curiosos y para ellos somos ¨bichos raros¨, siempre nos invitan a comer y se ofrecen para ayudarnos, son buena gente.

Con la comida al principio no sabés qué pedir, y pedís cualquier cosa; después de ¨pifear¨ unas cuantas veces, empezás a encontrar platos muy muy buenos. Tienen buena fruta, pero se extraña mucho todo lo nuestro... carnes, ensaladas, quesos y sobre todo los dulces... un buen asadito y una porcion de lemon pie...

Bueno seguro que se me estoy olvidando de muchas cosas, todos los días pasa algo nuevo...