Las ciudades sostenibles

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Por Grupo de Investigación de Economía Ecológica

Las ciudades actuales demuestran situaciones que se constituyen en un gran reto para el medio ambiente.

La calidad de vida dentro de las ciudades, demuestra contradicciones y desigualdades. En una misma ciudad pueden existir áreas desarrolladas y bien equipadas en convivencia con zonas de extrema pobreza, sin servicios e infraestructura urbana y en condiciones habitacionales y ambientales precarias. Asimismo, la vida urbana acelera el proceso de cambio climático: las ciudades son responsables del consumo de más del 75% de la energía distribuida y de la producción de un 75-80% de los gases de efecto invernadero.

Por lo tanto, las ciudades son el espacio emergente para comenzar a abordar las problemáticas más grave de la degradación del medio ambiente a nivel global.

Esta situación pone de manifiesto la urgencia de integrar parámetros ambientales en la planificación y la gestión de la ciudad que permitan un funcionamiento más sostenible de las mismas. En este sentido, las ciudades deben ajustar sus formas y funcionalidades urbanas para contribuir a la buena gestión de las dinámicas territoriales, articulación de los espacios urbanos, incremento de la habitabilidad en el espacio público y mejora de la calidad de vida de los ciudadanos.

El tratamiento de esta problemática se ha desarrollado a través de la Iniciativa de Ciudades Emergentes y Sostenibles (ICES), destinada a contribuir al logro de la sostenibilidad urbana, ambiental de ciudades con una población intermedia en rápido crecimiento.

Este enfoque intenta innovar en la gestión urbana a partir de apoyar los objetivos de algunos de los convenios ambientales multilaterales y planteando una serie de estrategias urbanas que contribuyan a la sostenibilidad.

Las estrategias de sostenibilidad urbana

Una Ciudad Sostenible tiene como finalidad conseguir la máxima eficiencia del sistema urbano. En la práctica hacer efectivas estrategias de sostenibilidad urbana implica considerar al menos tres aspectos: la complejidad, la eficiencia energética y la cohesión social.

La complejidad tiene relación con la organización urbana, los usos y funciones implantadas en un determinado territorio y es el reflejo de las interacciones que se establecen en la ciudad entre los entes organizados, también llamados personas jurídicas: actividades económicas, asociaciones, equipamientos e instituciones.

Las estrategias urbanas que permiten mejorar estas condiciones responden a objetivos, de acercar a las personas a los servicios y a los puestos de trabajo, entendiendo que con ello se reduce, desde el punto de vista de la energía, el consumo de ésta. 

La eficiencia se relaciona con el metabolismo urbano, o sea, con los flujos de materiales, agua y energía, que constituyen el soporte de cualquier sistema urbano para mantener su organización y evitar que sea contaminado. 

El objetivo es reducir el consumo de energía a partir de un uso eficiente lo que requiere optimizar los procesos productivos y el empleo de la energía utilizando lo mismo o menos para producir más bienes y servicios. Entre las iniciativas que se plantean en este sentido están la creación de códigos de eficiencia energética en las ciudades y recuperar energía a partir de residuos municipales.

Los códigos de eficiencia energética incluyen la utilización de dispositivos de bajo consumo, la mejora de instalaciones y la supervisión del bajo consumo. Estos se están implementando cada vez más en las edificaciones y se constituyen en sistemas de certificaciones.

La recuperación de los RSU (residuos sólidos urbanos) como energía renovable es un hecho en la Unión Europea. La recuperación de energía se da partir de la incineración de RSU, por ejemplo 69 millones de toneladas de RSU tratadas de este modo producen la energía equivalente a más de 670.000 hogares.

La cohesión social atiende a las personas y las relaciones sociales en el sistema urbano. Los espacios con mayor diversidad mejoran la probabilidad de intercambios y relaciones entre habitantes de la ciudad. En cambio, la segregación social que se produce en ciertas zonas de las ciudades crea problemas de inestabilidad como son la inseguridad o la marginación.
En consecuencia, resulta evidente la importancia de transformar las ciudades en centros generadores de cohesión social, convirtiéndolas en espacios de realización de las personas como tales y también en cuantos ciudadanos y trabajadores.

El espacio público es el elemento estructural de un modelo de ciudad más sostenible. Es el espacio de convivencia ciudadana y forma, conjuntamente con la red de equipamientos y espacios verdes y de estancia, los ejes principales de la vida social y de relación.

Por lo tanto, las estrategias deberán dotar a la ciudad de una mirada renovada estratégica de la articulación y accesibilidad del espacio público para facilitar que sea ocupado por personas de diferente condición, facilitando la convivencia y el establecimiento de interacciones entre ellas.
 

La relación ocio -ciudad

eco 09aLa relación del ocio con la ciudad suscita cuestiones que remiten conceptos antagónicos de uso del suelo urbano, de ocio y de la promoción de la calidad de vida. Este antagonismo esta dado en el modelo de ciudad que se está construyendo y consumiendo que produce un ocio como un consumo privilegiado en espacios mercantilizados y privados de la ciudad y una creciente marginalidad urbana.

Por consiguiente, se plantea la necesidad de generar un ocio encarnado en la ciudad identificando su dimensión pública como un instrumento de anti exclusión. Esto requiere organizar la heterogeneidad, fomentar la convivencia entre las personas y disminuir la segregación y las distancias sociales.

El ocio ofrece posibilidades para la regeneración urbana y cohesión social, ya que es una alternativa válida para mejorar las experiencias en el espacio urbano donde el espacio público es el espacio privilegiado de las experiencias de ocio.

En tal sentido el ocio brinda la oportunidad para aportar creatividad a las formas de cultura local, la inclusión multicultural, la participación ciudadana y el fomento de las producciones locales para que éstas sean más sostenibles.